Parque Nacional Alejandro de Humboldt, 25 años como Patrimonio Mundial de la Humanidad
En 2001 fue inscrito como Sitio de Patrimonio Mundial por la UNESCO
Publicado por Sol de Cuba, 16/06/2026

Fotos: Evergreen/ Unesco
Hace 25 años, la UNESCO reconoció el valor excepcional del Parque Nacional Alejandro de Humboldt al declararlo Patrimonio Mundial de la Humanidad. Ubicado en el oriente de Cuba, entre las provincias de Holguín y Guantánamo, este santuario natural es considerado el área protegida más importante del Caribe insular y uno de los lugares con mayor biodiversidad del hemisferio occidental.
Declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en diciembre de 2001, durante la 25.ª sesión del Comité del Patrimonio Mundial, la inscripción se realizó oficialmente el 13 de diciembre de 2001, bajo los criterios naturales relacionados con los procesos ecológicos y la conservación de la biodiversidad.
Su singularidad radica en una combinación de factores geológicos, climáticos y biológicos. Gran parte de su territorio se asienta sobre antiguas rocas ultramáficas y serpentinitas, suelos ricos en minerales tóxicos para muchas formas de vida.

Durante millones de años, estas condiciones extremas obligaron a plantas y animales a evolucionar de manera aislada, dando origen a un extraordinario nivel de endemismo. Se estima que entre el 70 y el 80 por ciento de las especies animales presentes en el parque son exclusivas de esta región, mientras que casi una quinta parte de las plantas vasculares de Cuba tienen aquí su principal refugio.
Entre sus habitantes más emblemáticos destaca el almiquí cubano (Solenodon cubanus), un verdadero fósil viviente que ha sobrevivido desde tiempos prehistóricos. De hábitos nocturnos y poseedor de una rara saliva venenosa, este mamífero insectívoro encuentra en los bosques del parque la población más numerosa y estable que existe actualmente. También habitan diversas especies de jutías, roedores autóctonos que forman parte esencial de los ecosistemas forestales del oriente cubano.
La riqueza avifaunística del parque es igualmente excepcional. En sus espesos bosques revolotea el zunzuncito (Mellisuga helenae), el ave más pequeña del mundo, mientras que el majestuoso tocororo (Priotelus temnurus), símbolo nacional de Cuba, alcanza aquí una notable abundancia. E
l parque constituye además uno de los últimos refugios conocidos del gavilán caguarero (Chondrohierax wilsonii), una de las aves rapaces más amenazadas del planeta. Incluso el legendario carpintero real cubano (Campephilus principalis bairdii), considerado probablemente extinto, mantiene viva la esperanza de los científicos que ven en las zonas más remotas e inaccesibles del parque su último refugio potencial.
Un rincón extraordinario de Cuba

La biodiversidad del Alejandro de Humboldt también se manifiesta en criaturas diminutas pero extraordinarias. La rana de Iberia (Eleutherodactylus iberia), descubierta en las alturas del monte Iberia, figura entre los anfibios más pequeños del planeta, con apenas un centímetro de longitud.
A ella se suman más de veinte especies de lagartos Anolis, que han evolucionado para ocupar distintos niveles de los árboles, desde las raíces hasta las copas más elevadas.
Entre los invertebrados sobresale la espectacular polymita (Polymita picta fuscolimbata), considerada por muchos expertos el caracol terrestre más bello del mundo. Sus brillantes bandas amarillas, verdes y rojizas constituyen uno de los símbolos más representativos de la riqueza natural cubana.
En cuanto a la flora, el parque alberga alrededor de 595 especies de plantas endémicas, entre ellas la rarísima Shafera platyphylla, un auténtico fósil viviente vegetal que solo existe dentro de sus límites. También destacan el dragón cubano (Dracaena cubensis) y la singular Pinguicula lignicola, una planta carnívora que crece sobre troncos y cortezas en los ambientes más húmedos del bosque.
A 25 años de su reconocimiento por la UNESCO, visitar el Parque Nacional Alejandro de Humboldt es adentrarse en uno de los rincones más extraordinarios de Cuba y descubrir un mundo donde la evolución ha escrito algunas de sus páginas más fascinantes.


