Así escribió en su Diario de Navegación, el 28 de octubre de 1492, el primer gran viajero que hemos tenido: don Cristóbal Colón, al desembarcar en Cayo Bariay por la bahía de igual nombre, a la que llamó San Salvador. Al describir la belleza de la naturaleza holguinera, el Gran Almirante realizaba el primer reporte de la biodiversidad cubana.
Sin embargo, los antecedentes del turismo holguinero se remontan a trescientos años después, a inicios del siglo XIX, según nos cuenta el destacado historiador Juan Albanés, en su libro Historia breve de la ciudad de Holguín. En 1820 surge la primera fonda-hospedaje o mesón, con el nombre de La Viajera y servicio de comida y cama. A lo largo de todo ese siglo colonial, a la par que comenzaron a desarrollarse en San Isidoro de Holguín diferentes manifestaciones del progreso –como tiendas y almacenes, correos, colegios de enseñanza, periódicos, casas bancarias, pequeñas industrias, el acueducto, sociedades de instrucción y recreos, teatros y bandas de música, la apertura del puerto de San Fulgencio de Gibara y la inauguración del ferrocarril de esta villa hacia el propio Holguín,entre otras facilidades– fueron apareciendo instalaciones de hospedaje y de alimentación como fondas, mesones, hostales, casas de huéspedes, cafés y toda clase de servicios en función de visitantes, viajeros, comerciantes y figuras públicas, ya fueran criollos, españoles u otros extranjeros.
Con el período republicano, en los primeros 50 años del siglo XX, el turismo holguinero se fue desarrollando junto a la vida social, económica y cultural, si bien de una manera limitada a pequeñas y medianas instalaciones de hospedaje, recreo y alimentación, sin que llegase a ser un verdadero sistema turístico en función de amplias mayorías. En la prensa periódica de ese período se pueden encontrar cientos de anuncios publicitarios y comerciales de hoteles, cafés, restaurantes, bares, cafeterías y hasta sui generis agencias de viajes. No faltaban tampoco los fastuosos banquetes que daban las diferentes sociedades de instrucción y recreo. En 1943, con la publicación del libro Cuba Contemporánea. Provincia de Oriente, aparecen en el apartado de Holguín cuatro de los hoteles citadinos más distinguidos y lujosos del momento: Majestic, Telégrafo, Isla de Cuba y Saratoga.
En el rublo de la restauración se contaba igualmente con reconocidos y suntuosos salones, bares y restaurantes, como el Casana Club o el Club Rancho Almendra. Barras famosas perduraron por varias décadas, como Barra Dalama, dentro del garaje La Oriental. En cuanto a la venta de opcionales mediante agencias de viajes, se destaca en la década de los 50 la Empresa Santiago-Habana, propietaria de una línea de ómnibus que cubría el trayecto desde Holguín hasta las capitales de provincias y la capital de la República. En 1954 comenzaron a vender a precios módicos diversas excursiones a Trinidad, Topes de Collantes, Santa Clara, Varadero, La Habana y las playas de Guanabo, con salidas desde la ciudad. Bajo el lema “Conozca a Cuba primero, al extranjero después”, fueron rápidamente compradas incluso por sectores de menor poder económico.
Al iniciarse 1959, quedaban en la urbe holguinera alrededor de 17 instalaciones hoteleras con unas 200 habitaciones, la mayoría ya desaparecidas. Solo cinco de los hospedajes más grandes, de entre 30 y 40 cuartos, como el Tauler, el Royal, el Patayo, el Majestic y el Residencial, concentraban alrededor de unas 150 habitaciones. Más de 50 años después siguen en activo, bajo otras denominaciones: Turquino, Santiago, Praga y el Majestic, que mantuvo su nombre tradicional.
En el interior de los pueblos que conforman hoy el destino Holguín había de uno a dos pequeños y medianos hoteles, salvo Gibara, Banes y Cueto, que sobrepasaban esa cifra. Sí existían varias instalaciones gastronómicas y sobre todo salones de baile, propiedades en su mayoría de las sociedades de recreo e instrucción. El cuanto al turismo de sol y playa, este fue muy poco explotado a nivel general salvo en la Villa Blanca de los Cangrejos, que se conocía como la ciudad balneario de Gibara.
Dos discursos cardinales que marcan el desarrollo de un turismo en Revolución en Holguín a partir de 1959 fueron pronunciados por el líder Fidel Castro Ruz, nacido en el caserío holguinero de Birán. El primero se produjo el 26 de febrero de 1959 desde los balcones de La Periquera, actual Museo Provincial de Historia. En su alocución, Fidel le pregunta al pueblo si tenían playas, si había comunicación con ellas, dónde las querían y qué se necesitaba hacer en el caso de la playa de Guardalavaca. Comenzaría de esa manera, con la fundación del Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT) y el Instituto Nacional de Turismo (INTUR), entre las décadas de 1960 y 1970, todo un desarrollo armónico para el disfrute de la población, con la creación de las playas populares y el primer polo turístico de la ya provincia de Holguín, con la inauguración en julio de 1976 del hotel Guardalavaca y todo el progreso posterior de su entorno.
La década de los 80 trajo entre otras mejoras la apertura del primer gran hotel en la ciudad capital: el Pernik, junto a las tradicionales villas de El Bosque y el Mirador de Mayabe. En sentido general, se afianzó el turismo de trabajadores destacados, con viajes a los antiguos países socialistas, la aparición del campismo popular como modalidad de disfrute para toda la familia, y un discreto auge del turismo internacional finalizando esa década, que daría el gran salto con los años 90 y el desarrollo acelerado de los establecimientos de la compañía Gaviota y las grandes instalaciones de las playas de Pesquero y Esmeralda, como respuesta al Período Especial.
Con la creación en 1994 del Ministerio de Turismo (Mintur) y la aprobación de la Ley de Inversión Extranjera en 1995, Holguín pasaría a ser el tercer destino turístico de la nación, diversificando en las décadas siguientes sus productos, desde sol y playa hasta el turismo de naturaleza, cultural, de salud, de eventos, de buceo, entre otros. Instalaciones hoteleras como Brisas Guardalavaca, Club Amigo Atlántico Guardalavaca, Sol Club Río de Lunas-Mares, Pinares de Mayarí; paisajes naturales como Cayo Saetía y el Gran Parque Cristóbal Colón, por solo citar algunos, son conocidas por visitantes de todas partes.
El segundo discurso cardinal de Fidel marcó un antes y un después para el desarrollo turístico no solo de Holguín sino del país. El 21 de enero de 2003 visitó e inauguró el hotel Playa Pesquero –el más grande que se había construido en Cuba hasta ese momento– y desde allí lanzó al mundo la frase que identificó a partir de entonces la imagen del destino Cuba: “Con gran optimismo y seguridad (…) inauguramos hoy este hotel y este polo turístico, para un turismo de paz, de salud y de seguridad”.
Hoy, con más de cinco mil habitaciones en planta hotelera y un potencial de más veinte mil en un futuro próximo, el turismo holguinero sigue forjando su historia en un destino que tiene como valor agregado la acogida de su gente, la impronta de Fidel Castro, el colorido de diversos pueblos y ciudades como la propia Holguín y su proyecto de Ciudad Parque de Cuba. Banes, capital arqueológica, y la villa patrimonial de San Fulgencio de Gibara —que abrió en el territorio la marca Encanto con hoteles exclusivos—; atractivas playas, y una variada flora y fauna de más de 140 especies, son algunos de los atributos que singularizan a este destino dentro del variado mosaico que es Cuba, esta Isla bella y dulce como la llamó la gran poeta Dulce María Loynaz.
En fin, que el destino Holguín posee un amplio abanico de posibilidades y potencialidades que, a más de 500 años, nos permite seguir exclamando lo que profetizó Colón en 1492: es la más hermosa que ojos hayan visto.
El 21 de enero de 2003, Fidel visitó e inauguró el hotel Playa Pesquero, el más grande que se había construido en Cuba hasta ese momento.











