La conga, ballet ambulante de mi Santiago
En Santiago de Cuba salía la Comparsa de los Kimonos, que eran hombres vestidos con kimonos que bailaban coreografías propias de las comparsas de carnaval con el instrumental de los
llamados “paseos” –trompetas, saxos, trombones, percusión cubana y voces–. Igualmente en Santiago adoptaron la trompeta china, que compraron en las tiendas del barrio chino habanero, y con ella reproducían melodías improvisadas sobre los coros de la Comparsa de Los Hoyos. Más tarde la adoptaron otros grupos y hubo músicos que reprodujeron artesanalmente el instrumento. Últimamente, al fallecer el que las fabricaba, las han importado de Corea.
Se oye a lo lejos un toque agudo que corta al viento y penetra fuerte en los oídos, el tambor repica un ritmo contagioso que hace vibrar la sangre y saltar cada músculo del cuerpo –la gente corre– se acelera el corazón y se desborda de una alegría difícil de explicar al escuchar un grito fuerte: ¡ahí viene la congaaa! En pocos minutos, la masa pujante de pueblo junto al conjunto de instrumentos de forma desenfada, espontánea y libre, baila con movimientos vigorosos y sensuales al ritmo de la música.
La conga santiaguera, expresión popular que identifica de manera singular esta área geográfica del país, es la manifestación que describe fehacientemente el espíritu Por MSc. Daymí Aranda Rodríguez y MSc. Zurama Monaga Mengana* MSc. Guillermo Rodríguez Cortés** de un pueblo caracterizado por ser alegre, bailador, hospitalario, valiente y heroico.
Helio Orovio, en su Diccionario de la música cubana, define la conga como un género bailable y cantable que se originó en las festividades que efectuaban los negros esclavos. En el propio diccionario se cita a Argeliers León haciendo referencia a dichas festividades como parte de las procesiones del Corpus Christi (24 de mayo), las fiestas de la Epifanía del Señor (6 de enero, Día de Reyes), y las conmemoraciones patronales, las que constituyeron ocasiones trazadas, según lo formal de las organizaciones impuestas por el gobierno español para la celebración de fiestas populares que incorporaban elementos procesionales y representativos, que se desglosaban de las tradiciones dejadas atrás del Atlántico, y se integraban en nuevas expresiones de fiestas populares.
En su instrumental participan tambores de diversos tipos, abarrilados y de un solo parche (conga, tumbador, quinto); bombo, cencerros, sartenes y otros objetos de metal. El quinto destaca en la sonoridad del grupo, porque le da entrada al toque contagioso de la conga.
La presencia de la corneta china es trascendental, pues es el único instrumento de viento dentro del conjunto, y permite crear pequeñas melodías y estribillos acorde a los temas y problemas sociales en boga a nivel popular, que instan a la multitud acompañante a cantar y bailar. Este exótico instrumento generó grandes innovaciones en las congas santiagueras y constituye, junto con los tambores y mamarrachos, el símbolo distintivo del Carnaval santiaguero.
Otra característica peculiar en las congas santiagueras es precisamente el gallo tapado –sorpresa que celosamente guardan las congas para tratar de sorprender y ganar el premio y el reconocimiento del pueblo en el carnaval.
Es tradición entre las congas visitarse unas a otras, incitadas por la competencia musical y la rivalidad. Las salidas se producen desde sus propias localidades recorriendo calles y repartos, fusionándose en su arrollar con otras congas, y originándose lo que se conoce popularmente como la invasión, que lleva consigo una ola gigante de pueblo.
Este ballet ambulante, como lo llamó Alejo Carpentier, no precisa vestuario ni coreografía y va improvisando estribillos que brotan de la multitud de manera espontánea, pero que al mismo tiempo son expresión de la ideología y estado de opinión del pueblo. En el periodo republicano la conga fue testigo de la propaganda política y comercial de gobernantes de turno, utilizada en la etapa preelectoral para mover las masas populares tras su ritmo y cantos, en los que se propugnaba su triunfo.
Santiago en su 500 aniversario es una ciudad privilegiada, posee como patrimonio inmaterial todo un acervo de congas representativas de diferentes comunidades con auténticos estilos como la de: Los Hoyos, Paso Franco, San Agustín, El Guayabito, Alto Pino y la de San Pedrito. Cada una es diferente en sus toques y cantos y, al mismo tiempo, conforman una unidad musical conocida como la conga santiaguera.
Dentro de todas ellas sobresale la Conga de Los Hoyos, centenaria en su andar musical fechado en el siglo XIX, a la que apodaron el Cocoyé para rendir homenaje a la sociedad de tumba francesa de igual nombre de esta barriada. Según los historiadores, se reconoce como primera parranda “los brujos del limón”, mezcla tahonera en la cual la leyenda ubica al general de la guerra de independencia Guillermón Moncada, como seguidor de la misma.
El toque concertado de los tambores, junto a la musicalidad de la corneta china interpretados por sus músicos, han hecho de esta conga la más popular del país y le han dado reconocimiento internacional. Ha participado en importantes eventos como festivales de la cultura de origen caribeño, fiestas de la rumba y el tambor, carnavales (Matanzas), Carifesta Internacional (1979), evento nacional por el centenario de la abolición de la esclavitud (Guyana, 1985), gira artística a Francia (1994, París, Grenoble), carnavales de La Habana (1996) Cubadisco 2006, la rumba más larga (2007) y Cubadisco 2008.
Las congas santiagueras, con el retumbar de los tambores, el sonido de la corneta china y el arrollar de su gente, palpitarán en sus plazas y calles como guardianes de una identidad, orgullosas de su estirpe y defensoras de la memoria viva de sus antecesores de la que son portadoras.
* Profesoras Asistentes Universidad de Oriente.
**Profesor Auxiliar Universidad de Oriente.