Los carnavales son fiestas populares tradicionales. Esta festividad es mayor en la ciudad de Santiago de Cuba que se llevó a las calles a principios del siglo XX.
No quiere decir esto que esos fueron sus orígenes por estas fechas. Realmente el entusiasmo musical ya era incontrolable desde mucho antes, en tiempos de la colonia. En aquel entonces los esclavos celebraban y cantaban a sus santos. La ciudad se prepara para celebrar su fiesta mayor: el Carnaval del aniversario 500, precedido por el Carnaval Acuático y las fiestas infantiles.
Cuando la corneta china habla el mandato para juntarse llega hasta un kilómetro de distancia y ya hace un siglo que los santiagueros obedecen a su llamado. Dicen que este instrumento llegó a Cuba a finales del siglo XIX gracias a los inmigrantes chinos, pero que ya tiene nacionalidad cubana. En 1915 se tocó por vez primera la corneta en esta ciudad y el carnaval celebrará por lo alto esta tradición.
Ya en junio los “ensayos” de este bienvenido acontecimiento están en pleno desarrollo. Las congas y los paseos practican sus pasos incansablemente en aras de alcanzar una estricta exactitud coreográfica al compás de la música, dando lo mejor de sí, animados por obtener el primer lugar a finales de estas festividades. Las diversas comparsas preparan sus vestuarios y adornan su carroza para al mundo presentar el tema de este año.
Desde el amanecer el primer día que rompe la gran fiesta, uniendo el día con la noche a lo largo de dos semanas, hasta que culminan los festejos, todo es puro gozo sin condición de parada.
El santiaguero y el carnaval se convierten en una sola cosa. Interactúan al mismo compás. A finales de julio la alegría y el espíritu hospitalario contagian y embrujan a participantes y espectadores por igual, llegando a ser parte del carnaval.
El Comité Organizador del Carnaval Santiago trabaja desde hace más de 10 años para conseguir que se declaren a estas fiestas populares Patrimonio Cultural de la Nación.








