La cultura, venerada doncella remediana

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San Juan de los Remedios, añeja ciudad en la que conviven estrechas callejuelas, pregones, gente sencilla y hospitalaria que porta el mágico espíritu de leyendas y tradiciones; ciudad encanto en la que se funden los vestigios caprichosos aportados por el tiempo con la singularidad perfecta de cada curva y cada línea que trasciende en su arquitectura; San Juan de los Remedios encierra la estirpe bella y elegante que atrae, que motiva, que enamora, que nos hace cómplices involuntarios de su historia y de la idiosincrasia identitaria de sus pobladores, la que llega hasta nosotros hecha ráfaga de encanto con su cultura. Hermosos flamboyanes custodian las calles irregulares. Es fascinante la Plaza Mayor, única del país con dos iglesias: la de Nuestra Señora del Buen Viaje y la Parroquial Mayor de San Juan Bautista, en la que resulta imposible evadir el maravilloso placer de observar los altares y la singular escultura, de la Inmaculada Concepción, que representa la Virgen María embarazada.

Transitar las calles de San Juan de los Remedios ofrece la oportunidad del encuentro con genuinos rituales afrocubanos de la “Santería” o el “Palo Monte”, que surgen envueltos en encajes de aquel tiempo, cuando la villa era atacada por piratas y demonios; nos lanza al regazo de personajes mitológicos, brujas y aparecidos, que vician el aire con un hálito misterioso, único y genuino. Y es que San Juan de los Remedios venera, aplaude y engalana hace 500 años a una bella muchacha que se llama arte, que se llama cultura, que se llama plástica, y que trae enredado en sus faldas un magnífico acervo en el que lo tradicional y lo popular ratifican cada día su primacía.

EL TRONO A LAS PARRANDAS

No todos los parranderos son remedianos, pero todos los remedianos son parranderos. Se trata de que remediano y parrandero son lo mismo, porque es imposible hablar de la cultura citadina sin otorgar a las parrandas remedianas el trono que le corresponde en su historia y su cultura. Se cuenta que las parrandas surgieron en el invierno del año 1820 gracias a la acción del padre Francisco Vigil de Quiñones, conocido por Francisquillo, quien oficiaba en la iglesia de la villa de San Juan de los Remedios las Misas de Aguinaldo que tenían lugar del 16 al 24 de diciembre. El sacerdote, inquieto por la ausencia de feligreses a la llamada Misa del Gallo, se confabuló con algunos muchachos del pueblo para que salieran a la calle y despertaran con ruido de pitos, fotutos y latas a los vecinos, dejándolos sin otro “remedio” que abandonar sus camas y acudir a la convocatoria eclesiástica. Ya en 1871 aquella bendita iniciativa adoptó la estructura de parrandas, las que han trascendido hasta nuestros días presididas por estandartes de ingenio y creatividad popular.

La competencia amistosa entre dos barrios de la ciudad es la esencia de las parrandas remedianas: el barrio San Salvador, en el norte, con el color rojiazul y el gallo como símbolo identitario; y El Carmen, al sur, con el carmelita, y representado por el globo aerostático. Una línea imaginaria divide la plaza del pueblo durante el espectáculo que comienza justo cuando las campanas de la Iglesia Parroquial Mayor marcan las nueve de la noche de cada 24 de diciembre. Entonces comienza un derroche de luces y belleza, resultante del empeño y la habilidad creadora que durante todo un año cada barrio ha puesto en la confección de trabajos de plaza, carrozas, faroles y fuegos artificiales que podrán ser admirados en esa única oportunidad.

La iluminación de los trabajos de plaza del primer barrio, al compás de la música y la artillería representada por los fuegos artificiales, constituye el motivo para que el otro barrio responda de la misma manera en una inusual controversia que alcanza su máximo esplendor en la madrugada, con la iluminación de la carroza de cada barrio, que provoca la exclamación de todos los asistentes, pues es el resultado de un minucioso, comprometido y estratégico trabajo en secreto.

Es indescriptible la emoción que se siente cuando se es parte de este excepcional espectáculo que brilla hasta el amanecer, impregnado del júbilo auténtico de sus participantes. Y qué final: es el pueblo remediano el que resulta vencedor en la controversia y festeja el final de la misma al compás de toques de rumba junto a miles de visitantes de los más disímiles lugares, cómplices en la magia que genera la música, las luces y la alegría.

DOS IGLESIAS, UNA PLAZA…

Ya la villa poseía su iglesia católica, la Parroquial Mayor de San Juan Bautista, cuando en 1600 unos pescadores encontraron en los manglares una caja de casi un metro y medio de longitud que contenía la escultura de la Virgen María en su interior. La figura de la virgen, con el niño Jesús en brazos, procedía de Barcelona, España, pero los pescadores la acogieron como una gracia concedida a la población. Trasladaron la imagen a la casa de un viejo esclavo lucumí para que este hablara con el cura de la iglesia ya en funcionamiento, pero este no lo hizo. Allí los vecinos improvisaron un altar y la colmaron de velas y flores como ofrendas. Cuando los pescadores regresaron, tomaron la imagen de la virgen y la entregaron en la parroquia de San Juan Bautista. A pesar de hacerse los oficios de rigor y colocarla en un altar, la imagen desaparecía como por arte de magia y luego reaparecía una y otra vez en la vivienda del anciano lucumí. Cuentan que la gente se convenció de que era allí donde la virgen deseaba estar, en el lugar en el que había sido acogida y adorada con velas y flores. Entonces se le construyó en el lugar una iglesia modesta, la de Nuestra Señora del Buen Viaje, la que comparte plaza y religión con la Parroquial Mayor de San Juan Bautista desde 1600, como fieles centinelas y resguardo de los remedianos.

PERO, HAY MÁS…

El mes de febrero se engalana con comparsas y carrozas como atributos de los carnavales remedianos y son impresionantes las peregrinaciones que se realizan alrededor de la plaza central como parte de la tradición religiosa en Semana Santa. En mayo, la Feria de las Flores llena los espacios remedianos de contraste y colorido, en medio de singulares celebraciones paganas y religiosas. Las Ferias de San Juan se consideran las celebraciones de carácter popular más antiguas de Cuba, por cuanto se realizan desde principios del siglo XVIII, cuando las autoridades españolas no permitían aún este tipo de celebraciones públicas. Dedicadas a celebrar el día del Santo Patrono San Juan Bautista los días 23 y 24 de junio, incluyen bailables, quema de piras la noche del 23, escenificación de la captura por parte de “siete Juanes primerizos” del “Güije de La Bajada”, personaje mitológico devenido depredador de los bienes de los campesinos de esa zona aledaña a Remedios, y festejos y juegos tradicionales (“gato en tinaja”, “peseta en la sartén”, “palo enceba’o” ) y otras atracciones que se extienden durante todo el día 24. ¡Qué jolgorio!

DE GÜIJES Y LEYENDAS…

Dicen que era un negrito alborotador de la charca de La Bajada. Debía ser apresado por sus travesuras, pero resulta que solo podían lograrlo siete Juanes, hombres primerizos, en la víspera del 24 de junio. Cuentan que al ser traído a la villa y pasar frente a la ermita del Santo Cristo, donde el cura pronunciaba el final de la misa en latín, este escapó y no hubo forma de capturarlo. Desde entonces se le identifica como el Güije de La Bajada. Otros se refieren al enigmático Patricio, un liberto zapatero con pelo muy abultado. Cuando la tempestad cubría la zona de su habitáculo era signo de aguacero seguro. El pueblo oficializó una teoría: si la cabeza del Patricio oscurecía, en alusión al lugar de residencia, vendría el diluvio.

De güijes y patricios, mitos y leyendas, duendes y demonios, se enorgullece la cultura de San Juan de los Remedios y los incorpora al desfile de celebración por su 500 aniversario.

HOMBRES ACICALANDO A UNA DONCELLA…

Los remedianos se sienten honrados con la existencia de la Casa Museo del prestigioso músico cubano Alejandro García Caturla, un insigne exponente de la música contemporánea cubana y uno de sus más célebres y reconocidos compositores a nivel internacional, nacido allí en 1906. Su pasión por la música, influenciada por los rituales afrocubanos que lo nutrieron desde su infancia a través de su nana, constituyó la génesis de una fusión en la que tomaron parte óperas y bembés, arias, danzones y criollas, que se han convertido en clásicos de su temperamento musical.

Pero hay más en el virtuosismo remediano: en medio de las tertulias citadinas emerge el talento de hombres como René Márquez, cantante, compositor y eterno enamorado de su terruño: “Remedios, son tus leyendas las más preciosas que conocí / Remedios, si perdiera mi aliento, bajo tu cielo quiero morir”.

Incansable, el equipo de Erick González trabaja por perpetuar la historia de las parrandas en el museo que las honra. Es un homenaje a ese ejército de incógnitos que como Esteban Granda y Manuel Aguirre (Titi), han entregado su vida y
su talento a la tradición remediana. Escuchar la voz de los artífices del evento artístico permite evaluar la magnitud de un hecho de la cultura popular tradicional que, junto a otras ciudades de la región central de Cuba, fue declarado
como PatrimonioCultural de la Nación en el 2013: “Me llamo Esteban Agustín Granda Fernández, tengo 93 años y desde chiquitico estoy integrado a las Parrandas.

Mi padre era muy parrandero. Yo quisiera, antes de morirme, salvar la parranda. Es una competencia maravillosa… lindísima… una competencia de arte y buen gusto entre los artesanos de ambos barrios. Cada media hora tenías una colección de 24 faroles bailando alrededor de los fuegos de artificios”.

“Soy Manuel Aguirre, Titi, y tengo 54 años. Creo que desde que tuve uso de razón me incliné por la cultura remediana. Aunque soy carmelita siento por los dos barrios… he trabajado y he tenido gloria en ambos… Aunque mi oficio es carpintero en la Parranda soy muy versátil. La Parranda es un hecho cultural único en el mundo y hay que defenderlo a toda costa. Desde el barrio, hay que sentirlo como si fuera tuyo. Fíjense que he soñado que he estado fuera del país, sin poderla ver, y he llorado”.

Otros más jóvenes quedan deslumbrados ante la doncella y le hacen sus ofrendas: el escritor Pérez Boitel inclina la pluma ante su belleza y Roaidi Cartaya resucita personalidades y tradiciones para perpetuarlas en el tiempo, en ese mismo tiempo que le ha permitido trascender al teatro Guiñol, fundado por Fidel Galván, como joya del arte dramático remediano.

En fin, es una tropa infinita que tributa la belleza a su dama para glorificar la magia, el encanto y la tradición en perfecto celofán con lazo que atesora todo el esplendor del acervo cultural remediano, motivo más que suficiente para cautivar a adeptos dispuestos a arrodillarse ante tanta hermosura.

SALUD, HERMOSA DONCELLA…

La cultura remediana forma parte del encanto cultural de nuestro país y de nuestra región, pero es sobre todo eso: auténticamente remediana. Es imposible permanecer imperturbable ante tanto derroche de tradición popular, increíblemente conservada tras cinco siglos y tantos avatares. Por esa identidad que transmite, por el sello que la identifica, por la luz, el color, la tradición, lo genuino, San Juan de los Remedios se consolida en el centro del país como destino por excelencia de ciudad patrimonial, al que usted puede llegar en un carruaje, Casa Museo de la Música Alejandro García Caturla. uaje, guiado por esa bellísima y excepcional doncella, la cultura remediana, que nos guiña un ojo y nos invita a tocar la aldaba para que se abra una de las puertas más ilustres del patrimonio nacional.

ALGUNOS SITIOS DE INTERÉS

La iglesia Parroquial Mayor de San Juan Bautista, el santuario de Nuestra Señora del Buen Viaje, la Estatua de La Libertad, la Sociedad de Instrucción y Recreo La Tertulia, los hoteles Mascotte y Barcelona, la cafetería El Louvre, el Museo de la Música Alejandro García de Caturla, el Museo de las Parrandas.

*Profesora de la Escuela de Hotelería y Turismo “Alberto Delgado Delgado” de Villa Clara.
**Especialistas del Museo de Las Parrandas.

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