Sancti Spíritus, tradición y cultura

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Sancti Spíritus, asentada en el centro del país, ha sintetizado a lo largo de su historia, expresiones culturales que por sus relaciones de intercambio, su dinámica cordial y las marcas que las identifican en el ejercicio de sus habitantes, refieren cualidades advertidas también en el tiempo y altamente reconocidas por receptores de todas partes del mundo.

Las fiestas del Santiago, celebradas alrededor del 25 de julio, constituyen expresión popular centenaria y consiguen, desde su orden caótico, establecer un tipo de discurso múltiple y extendido a lo largo del tiempo, en el que la participación jubilosa de público asegura el éxito de la festividad.

Junto al engalanamiento de calles, viviendas y comercios, disfraces, juegos campesinos y urbanos, se ha mantenido la presencia de bailes,  carrozas, y comparsas, en las cuales se diferencia con cambios que responden a nueva época, su estructura danzaria y los viejos cantos que sostienen, desde los barrios, la tradición fundadora del espíritu de la comparsa.

El componente campesino ha distinguido a la cultura espirituana a lo largo de los años. Trasladado desde las zonas rurales hacia el espacio urbano, se estableció con el formato de la parranda, agrupación primaria y rústica de la música, asociada a la festividad campesina de igual nombre y dimensionado a través del punto y la tonada, como expresiones constitutivas de las fiestas.

Otros de los elementos integrantes del largo proceso de formación de la identidad espirituana, se distinguen en la trova con exponentes de reconocimiento internacional,  los septetos de sones y la existencia de un único formato musical conocido como coro de clave, agrupación constituida hace más de cien años y en torno a la cual se han formado los más importantes trovadores y cierto espíritu que fortalece el imaginario de la ciudad.

Ciertos tejidos y confecciones textiles artesanales se han sobrepuesto a la imposición de fórmulas industriales y sobreviven en la solución de necesidades, así como una repostería generalmente resguardada en algunas zonas periféricas, que permiten ocasionalmente su extensión a todas las áreas de la villa.

La presencia de mitos como los de las madres de agua, los babujales y el del güije, tiene sus semejantes en otras culturas, a veces muy lejanas, pero siempre en correspondencia con la pulsión cultural de la localidad.

El establecimiento que consigue el componente oral en la cultura espirituana denota en franco dinamismo conflictivo, y esas apreciaciones sobrenaturales de los sectores populares de nuestra región, en torno al volumen de reflexiones filosóficas empíricas, aparecen consolidadas como resumen de una actitud de varios siglos, unida a la incorporación a la identidad local, de los personajes callejeros, dinámicos agentes de reconocimiento de diversas etapas de la historia de esta urbe.

El surgimiento de un nuevo sujeto social y de los impulsos de conservación nacida de la memoria, representan exponentes de las más genuinas maneras de comportamiento cultural, en esta ciudad de 500 años de fundada.

Acerca de Juan Eduardo Bernal Echemendía

Escritor e investigador

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