Solo el amor convierte en milagro el Barro
ASEGURA UN CENSO DE 1846 QUE EN LA VILLA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD YA VIVÍAN 25 ALFAREROS CON SUS RÚSTICOS TORNOS MOVIDOS POR EL PIE Y EL TERCO EMBADURNADO DEL BARRO DE LAS CUEVAS CERCANAS. SIN EMBARGO, LA FAMILIA SANTANDER, DUEÑA DE LA MÁS PODEROSA TRADICIÓN DE ESE ARTE EN LA IUDAD, CUENTA QUE LA SUYA NACIÓ UN POCO DESPUÉS.
El hombre utilizó por primera vez sus prodigiosas manos como recipiente, pero al descubrir el barro, creó las primitivas vasijas con una función casi exclusivamente utilitaria, y descubrió también que podían decorarse, y convertirlas así en obras de arte.
La reconocida familia Santander preserva el arte de la alfarería, como tradición omnipresente en la tercera villa creada por los españoles en Cuba en el siglo XVI. Cuenta la historia, escasa en los documentos, pero muy viva en la tradición oral trinitaria, que allá por la segunda mitad del siglo XIX se fundó un modesto taller, dedicado básicamente a la fabricación de materiales de construcción como tejas, ladrillos y cal.
Sin embargo, los secretos de este maravilloso arte transmitidos por un inmigrante español, poco a poco se fueron “aplatanando” y transformándose en un punto de referencia, tanto en nuestra Isla como fuera de ella. Aparecieron así los primeros porrones, jarrones, tinajas, sonajeros, máscaras decorativas, macetas, entre otros objetos.
Dicen sus propios trabajadores que para la elaboración de las llamadas pellas, el barro, una vez traído del cercano Valle de los Ingenios, es pasado por una malla para eliminar las piedras y otras suciedades. Posteriormente, se extrae el agua, para, una vez seco, volver a agregarle el líquido y amasarlo hasta dejarlo como una especie de plastilina. Solo así está listo para empezar a moldearlo, bien en un torno o simplemente con las manos.
Situado en la calle América, aquel modesto tallercito del siglo XIX siguió caminando con pie de plomo, y ya entrado el siglo XX, cosechó logros muy bien merecidos, de los cuales se sienten todos muy orgullosos. Tanto es así, que lo muestran en fotos a la entrada del taller de Daniel Santander Alcántara (Chichi), así como enseñan también las imágenes tomadas con el Comandante en Jefe Fidel Castro.
“Esto no se logra hablando; hay que trabajar el barro, trabajar, trabajar y siempre trabajar”, asegura el propio Chichi. “Todo esto que tenemos aquí es por el esfuerzo y el trabajo diario, por más nada. No hay nada lindo si no se hace con deseos”.
En 1962, el taller en que trabajaba casi toda la familia pasó, voluntariamente, a manos del Gobierno Revolucionario cubano. No hubo reparos ni miramientos; ante el nuevo proceso, dieron su visto bueno. Pero con la llegada del período especial en los años noventa, pasaron todos a hacerse artistas independientes.
Sin embargo, no quedaron al margen: pertenecen a la Asociación Cubana de Artesanos Artistas, al Fondo Cubano de Bienes Culturales (FCBC) y mantienen relaciones, tanto sociales como comerciales, con numerosas instituciones del territorio, entre ellas ARTEX y la escuela Marcelo Salado, esta amparada en un proyecto comunitario.
Tienen el orgullo de haber contribuido a la decoración de la Plaza Mayor, con piezas donadas, “idénticas a las originales”. Dicha familia recibió el Premio a la Maestría Artesanal del Centro Nacional de Artesanía del FCBC en 2006 por su enorme labor. En la actualidad, la alfarería de la familia Santander constituye un foco de atención para los turistas que visitan el territorio, mas no por ello la calidad ha disminuido; al contrario, constituye un incentivo para mejorar la labor.
Aunque muchos lo consideran como simple artesanía, o ni siquiera artesanía, el reinado del barro en Trinidad lo tiene el sello Santander. Y no solo por tradición y nombre, sino porque de verdad es parte del entramado social de la ciudad. Son los guardianes de una tradición antiquísima y de gran parte del patrimonio material e inmaterial de la villa.
A más de un siglo, las hermosas piezas Santander les dan la bienvenida a los visitantes que decidan conocer un poco más de esa maravillosa tierra rojiza que es el barro y sus milagros.
