Órgano Oriental Señor de la música molida

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El órgano, como instrumento musical, ha asimilado cambios desde su invención hasta nuestros días. El más antiguo, el Hydraulus o Hydraulis, fue inventado por el mecánico griego Ktesibio, en el siglo III antes de nuestra era, en Alejandría. Así transitó por el mundo hasta que los organeros del siglo XIX, se  esforzaron en conseguir tubos que imitaran los timbres de los instrumentos de la orquesta.

En la misma época se generalizaron la caja expresiva y el crescendo. Estas innovaciones, que los mejores constructores integraron con los dispositivos tradicionales de los órganos antiguos, estimularon la composición de obras para estos instrumentos con intérpretes de gran fama. Es precisamente de los órganos franceses de lengüetas, de donde se deriva el Órgano Oriental, introducido en Cuba desde Cienfuegos, en la segunda mitad del siglo XIX.

Todo parece indicar, según investigaciones hechas, que la fecha más remota, que se conozca de la existencia de órganos en Granma, se remonta al año 1876. La tradición oral alega que fue don Santiago Fornaris Jerez, nacido en 1840, de origen bayamés y oficio carpintero, quien trabajaba para esa época en el hoy municipio de Pilón, el primero en traer a la ciudad de Manzanillo un órgano. Este hombre conoció de la existencia de los órganos de cilindro en un viaje que hiciera a Cienfuegos, y decidió llevar uno de ellos a la Ciudad del Golfo, lo que hizo posible que se diseminara por Bayamo y otras regiones del Oriente cubano.

Su gran funcionalidad para bailes de pocas parejas, los mínimos recursos que exigía, su fácil manipulación y lo económico del alquiler, pues evitaba tener que contratar a las orquestas de la localidad, que por cierto eran de gran calidad debido a su repertorio preferentemente europeo; pero, como la música criolla era considerada inapropiada por el conservadurismo español, esto explicó claramente el auge adquirido por el órgano en esta etapa.

Si desandas por la ruta melodiosa de este instrumento, vas a notar que nació para el culto y la veneración religiosa, y que, en virtud de una fantástica tropicalización realizada en la zona, vino a ser expresión vernácula de un legado musical que distingue en estos predios el reino de Euterpe. Entonces, surgieron al compás del órgano, los bailes tildados como eróticos, los famosos de la loma, así como los de la propina en los cuales un bailador sacaba a su pareja y había una persona, cuya función era cobrar cinco centavos por cada pieza bailada en la ciudad, y en el campo diez centavos. Dichas celebraciones contribuyeron, decididamente, a la difusión de esta modalidad musical y danzaria entre las clases más pobres de entonces. Con el transcurso del tiempo, ascendió otros peldaños como lo fue hasta las salas de las sociedades existentes en la época, las cuales, anualmente, ofrecían un Baile Guajiro de forma tradicional; así llegó hasta las fiestas familiares y aparecía de primero como anunciante cuando llegaba un circo a la ciudad.

El órgano no intenta develar nada nuevo, sino esclarecer momentos vitales de una cultura cuyos hitos, diseminados en la memoria del pueblo, en papeles coloreados por el tiempo, aguardan que se les coloque en justo lugar, no solo en función de fijar la verdad histórica, sino algo mucho más trascendental: fortalecer el identitario regional, en tanto, en los granmenses, deviene clave esencial para su interpretación.

Este instrumento sigue siendo el Señor de la música molida. Fue la ciudad de Manzanillo el motor impulsor que nos hizo disfrutar esta tradición bayamesa, la cual devino signo y seña de una identidad peculiar ejercida a golpe de órgano, desde la octava década del siglo XIX.

Hasta nuestra añeja ciudad, que ya está por cumplir más de 500 años de historia, llegó el insuperable instrumento electromecánico llamado órgano, a quien actualmente la electricidad le acciona el motor y este, a su vez, transmite la energía al resto del mecanismo, manteniendo su funcionamiento, en el cual el hombre desempeña un importante papel.

En Bayamo, aún existe la fiel tradición de que cada fin de semana se disfrute de un espacio de cubanía con la presencia del órgano que lleva como nombre El Mambisito. El mismo es dirigido por la Dirección Municipal de Cultura, haciendo posible que nunca falte la música molida en el área de las tradiciones.

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