Fortaleza San Carlos de la Cabaña Más que un recinto ferial

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Entrance to Fortaleza San Carlos de la Cabana fortress in the Parque Historico Militar Morro Cabana.

Con sus 700 metros de extremo a extremo y 250 metros de ancho, la fortaleza de San Carlos de la Cabaña es – sino la más- una de las más grandes de toda América. Sus áreas verdes, sus callejuelas empedradas, lo monumental de sus baluartes, sus bóvedas inmensas y muy especialmente la posibilidad de observar a la ciudad desde el lado opuesto de la bahía, son atributos exclusivos de este fuerte, que lo convierten en espacio preferido por los cubanos, caracterizado por un ir y venir de los amantes de la arquitectura militar colonial.

Se afirma que ya en el Siglo XVI, el ingeniero Juan Bautista Antonelli, constructor de El Morro había advertido a las autoridades de la isla sobre el valor estratégico del cerro de la Cabaña. El dueño de La Cabaña, es el dueño de La Habana”, diría con frecuencia. No obstante, la colina se mantuvo desamparada y fue la brecha que aprovecharon las tropas inglesas, en 1762, para atacar El Morro y luego rendir La Habana.

Tras este evento, el rey Carlos III ordenó la inmediata fortificación de esa alta ribera y mandó a construir una fortaleza en este sitio sin escatimar recursos para ello bajo, la dirección de los ingenieros Silvestre Abarca y Pedro de Medina, éste último muy vinculado a notables exponentes de la segunda mitad del siglo XVIII. Los planos los trazó el ingeniero francés M. de Valliere con dibujos facilitados por M. Ricaud de Targale.

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En el momento de su construcción, en 1763, la fortaleza de San Carlos de la Cabaña fue la fortaleza más grande que España había construido, en el Nuevo Mundo, así como la más costosa.

El día cuatro de noviembre de 1763, se dio comienzo a la construcción, concluyéndose en 1774, once años más tarde, según consta en la inscripción que existía en una losa de la capilla de esa fortaleza y que hoy se encuentra en el pórtico de entrada. El diseño fue concebido como la resultante razonable para lograr la eficacia de la función defensiva, antes que una premisa formal modélica, como solía hacerse con los esquemas pentagonales, hexagonales o triangulares que eran las plantas más frecuentes en la época colonial española para este tipo de construcciones.

Se dice que cuando el Rey Carlos III supo de su costo algo asombrado pidió un anteojo para verla, pues “Obra que tanto ha costado, debía verse desde Madrid”.

El Dr. Emilio Roig de Leuchsenring, notable investigador e historiador cubano, en su artículo publicado en la serie La Habana de ayer, de hoy y de mañana titulado El Castillo de San Carlos de la Cabaña (1928), contaba: “La posición estratégica de la fortaleza, enlazada con el fuerte del Morro, y las diez hectáreas que ocupaba con más de 700 metros de muralla, la convirtieron en la mayor de la isla y América.

Su complejo diseño aplica los conceptos más avanzados de la ingeniería militar del siglo XVIII y hace de San Carlos de la Cabaña un exponente del cambio experimentado en los sistemas defensivos en la época. Su capacidad militar era grande y también lo era el armamento del cual disponía. En 1859 contaba con 120 cañones y obuses de bronce de diferentes calibres. Se estima que en 1863 el equipamiento militar podía ser de 245 piezas de artillería, además de otras armas ligeras de corto alcance”.

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La planta de La Cabaña tiene un cuerpo principal, compuesto por dos baluartes extremos (San Francisco y San Lorenzo) y un baluarte central (San Ambrosio), unido por cortinas hacia tierra.

Hacia el puerto presenta una pendiente sólida; por tierra lo rodea un colosal foso con dos lunetos y dos tenazas. La portada ostenta un vano en arco, tapiado a partir de su arranque, y enmarcado por columnas adosadas que sostienen un entablamento decorado con mascarones. En el interior, de escala monumental, la plaza de armas y los cuarteles, con rampas y calles de circulación para las tropas.

En un extremo del cuartel occidental está ubicada la capilla, de elegante portada, que contrasta con los muros desnudos del conjunto. Casi al nivel del agua, muy cerca del extremo oeste de la fortaleza, se conserva la batería de la Divina Pastora, anterior a la construcción de la fortaleza.

La Cabaña albergó desde su construcción a las unidades elites del ejército español en Cuba. En caso de conflicto, podía albergar hasta unos 6.000 soldados. Su potencia de fuego era terrorífica. Equipada al máximo podía albergar hasta 120 cañones y otras 120 piezas menores de artillería.

Pero nunca fue necesario utilizarlas. La Habana no volvió a ser importunada y La Cabaña se quedó como cuartel general de las tropas mejor adiestradas de la isla. Su plana mayor se componía, en 1863, de un brigadier gobernador; un comandante sargento mayor, un teniente coronel de artillería, jefe de la del Castillo, ayudantes; un capellán; oficiales encargados de efectos y utensilios y aljibero. Durante el período de las guerras de independencia, el fuerte fue utilizado como prisión y lugar de ejecución de prisioneros. Ya en el siglo XX (desaparecido su carácter defensivo), el fuerte cumplió funciones de almacén, alojamiento de tropas.

En 1959, al triunfo de la Revolución, La Cabaña fue ocupada por el Comandante Ernesto Che Guevara, quien radicó allí su Comandacia. Desde esos primeros años de la era post revolucionaria, fue perceptible la necesidad de restauración de la fortaleza.

El tiempo había dejado huellas en la mayoría de sus áreas. Los trabajos se iniciaron en 1986, en una labor coordinada entre el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, para así crear el Parque Histórico Militar Morro Cabaña.

En 1992, tras seis años de intensa labor y terminada la restauración, abrieron sus puertas: el Museo de Armas, el Museo de la Comandancia del Che, y el Museo Monográfico, que describe la historia de la fortaleza. Desde entonces, sus espacios han acogido eventos disímiles de gran notoriedad como la Bienal de Artes Plásticas de La Habana, la Feria Internacional del Libro de La Habana y la Feria Internacional de Turismo,FITCUBA. Para la actividad turística, se han diseñado recorridos que permiten pasar al menos un día visitándola. Es posible disfrutar de variadas ofertas gastronómicas, acceder a tiendas de recuerdos, y presenciar en la tienda de Habanos el cigarro más grande del mundo. El Cañonazo de las nueve.

Ceremonia Cañonazo

Ceremonia CañonazoHasta el año 1850, desde esta fortificación se efectuaban dos tiros de salva de cañón, a las 7 de la mañana y a las 9 de la noche. Con él, se anunciaba la hora de apertura y cierre de las Murallas de La Habana, gigantesco anillo de bloques de piedras, que protegía a los habitantes de la capital y que separaba a la ciudad intra de la extra muros.

Cada día a las 21:00, se celebra la ceremonia del cañonazo, Actores ataviados con uniformes militares del siglo XVIII recrean el disparo del cañón sobre el puerto de La Habana, ceremonia que nos avisa que son las 9 de la noche, que hace las delicias de los visitantes nacionales y extranjeros que llegan a disfrutarla. San Carlos de la Cabaña: Fortaleza Colonial Cubana, mucho más que un recinto ferial.

*Especialista Principal
CIDTUR/FORMATUR.

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