Centro Histórico de La Habana Maravilla, más allá del tiempo

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La Habana tiene una excelente ubicación geográfica, en la costa norte de la región occidental. Se extiende por el este hacia hermosas playas y por el oeste hacia costas y marinas, lo que propicia un
clima agradable. Es una ciudad cosmopolita que alberga a más de dos millones de habitantes. Una de las joyas es su Centro Histórico, que unido al sistema de fortalezas coloniales, concluido en el siglo XVII —Castillo de la Real Fuerza, San Salvador de La Punta y Los Tres Reyes del Morro— fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, en 1982.

Es una de las caras de su patrimonio arquitectónico, que como su pueblo, responde a la mezcla de estilos colonial, neogótica, neocolonial, art decó, art nouveau y racionalista. Todo su territorio evidencia ese eclecticismo. Han transcurrido varias décadas desde que especialistas y técnicos, bajo la tutela de la Oficina del Historiador de la Ciudad, laboran para devolverle sus valores a ese espacio fundacional de la ciudad.

Uno de los grandes méritos de esa obra restauradora es haber proyectado la devolución a la capital de este sitio patrimonial, teniendo en cuenta las implicaciones que esos cambios traen a quienes lo habitan o transitan por cada pedazo rescatado del deterioro. Al visitar el área restaurada se constata la existencia no solo de piedras, paredes, portones y arcadas, sino que en sus calles bulle la vida. Edificaciones exquisitamente renovadas y al frente los preparativos para iniciar o continuar otra obra, mientras los vecinos inmersos en ese ambiente observan admirados la transformación constante.

En el año 1981, el Consejo de Estado cubano otorgó autoridad a la Oficina del Historiador de la Ciudad para devolverle al Centro Histórico todo su esplendor. La estrategia original fue partir de las plazas principales y otros puntos de notable valor patrimonial. Junto con la rehabilitación de viviendas, esos dedicados expertos han puesto en marcha hogares para ancianos, mujeres gestantes y escuelas, entre otras muchas obras de beneficio social.

El proyecto de La Habana Vieja crea también nuevas opciones culturales. Sus protagonistas no olvidan que el Centro Histórico sería un sitio sin alma si prescindiera de su gente.

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