Caibarién y sus cayos, Recorriendo historia

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La acampada de un grupo de aventureros españoles y la posterior construcción de un caserío, marca el acto fundacional de la ciudad de Caibarién en la costa norte central de Cuba, el 26 de octubre de 1832. Bastaron dos años para que la ciudad fuera nombrada Colonia de Vives, y en 1837 recibió título de Villa, con la inclusión del rescate de su nombre original.

Situada al lado de una bahía abierta y en un terreno llano, se le identifica como la Villa Blanca, quizás debido a que en sus inicios, las calles eran de un llamativo rocoso blanco y una gran parte de las casas de madera del asentamiento estaban pintadas con cal. Trasciende en su concepción el casi perfecto trazado recto de sus calles y avenidas. Comercios, iglesias, escuelas y hasta prensa escrita formaban parte de los atributos de la ciudad para 1878, y solo un año después se erigió como municipio independiente.

La historia identifica a Caibarién como escenario de importantes acciones durante las luchas independentistas en el siglo XIX, de las que trasciende como protagonista el polaco Carlos Roloff. La ciudad en el siglo XX ya constituía un significativo enclave portuario, con vínculos comerciales con Estados Unidos y Europa.

Importantes figuras del teatro, la plástica, la música y la literatura comenzaron a incorporar a esta ciudad como destino de su arte, por lo que desde finales del siglo XIX la ciudad se convierte en una plaza cultural reconocida. El autor de la mundialmente célebre canción “Longina”, Manuel Corona, también la prestigia.

Basta contemplar la obra del maestro Leopoldo Romañach con sus célebres “Marinas”, para acceder a la exuberante belleza de los escenarios naturales de Caibarién, en los que destacan sus cayos y sus playas.

Hacia 1954 aparecían algunas propuestas de desarrollo promovidas por el Comité Local de Turismo de Caibarién, que abogaba por el dragado del puerto o carretera o ferrocarril a Cayo Francés, el alcantarillado y la pavimentación de las calles, la carretera directa del Circuito Norte y la implementación de mejoras sanitarias.

Precisamente a esta década se le adjudican los primeros intentos esporádicos de explotación de los enclaves realmente paradisíacos de la cayería, sobre todo en cayo Ensenachos, de cuyos encantos comenzaron a hacer referencia en promociones de diversa índole.

No fue hasta 1992 que el panorama comienza a aclararse para la Villa Blanca con la concepción de un proyecto ambicioso para la explotación de sus cayos, que incluía la construcción de una vía terrestre sobre el mar (pedraplén) capaz de conectar a los cayos Las Brujas, Ensenachos y Santa María. Felizmente, en 1999 aparece el primer hotel, Villa Las Brujas, en el cayo de ese mismo nombre.

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El pedraplén a cayo Santa María es considerado como el mayor del mundo. Sus 48 kilómetros de extensión facilitan el acceso directo a escenarios con excelentes playas vírgenes de arenas finas y aguas transparentes: Las Brujas, Ensenacho, Las Salinas, Perla Blanca, Santa María y Mégano. Para no afectar a la flora y la fauna de la zona se ejecutaron 45 puentes levantados con hormigón y prefabricados que permiten el intercambio continuo de agua bajo el vial. Por estas y otras buenas prácticas en su concepción, el pedraplén de Caibarién a Cayo Santa María obtuvo el premio internacional Puente de Alcántara en su VII edición, el cual reconoce, dentro del ámbito latinoamericano, la obra pública que reúna mayor importancia cultural, tecnológica, estética, funcional y social, unido a su calidad técnica.

Desde entonces en los cayos del noreste de Villa Clara se ha consolidado un exitoso proyecto de desarrollo turístico del que dan fe más de 15 instalaciones hoteleras y extrahoteleras con alrededor de 10 500 habitaciones en un ecosistema mágico, en el que confluyen 150 kilómetros de playas vírgenes, 500 kilómetros de arrecifes coralinos de alto valor y más de 40 especies endémicas de flora y fauna, protagonistas de ese turismo de paz, salud y seguridad, con la atención permanente al manejo sostenible como alternativa para perpetuar sus encantos.

A group of Spanish adventurers camping and the subsequent building of a settlement marked the foundation of Caibarien City on Cuba’s north central coast, on October 26, 1832. It only took two years for the city to be named Colonia de Vives and it was given the Town status in 1837, with the inclusion of its original name.

Located near an open bay and on a flat terrain, it was identified as the White Town, perhaps due to its initial white rocky streets and whitewashed wooden houses. It is important to mention the nearly perfect layout of its streets and avenues. Stores, churches, schools and even press were some of the city’s attributes in 1878 and it became an independent municipality a year later.

The White Town’s outlook changed in 1992 with the devising of an ambitious project to exploit its keys, which included building a land way over the sea (rock road) to link Las Brujas, Ensenachos and Santa Maria keys. Fortunately, the first hotel was built in 1999, Villa Las Brujas, on the key with the same name.

The rock road to Cayo Santa Maria has been labeled as the largest on Earth. Its 48 km give access to sceneries with jaw-dropping virgin beaches, fine sands and crystal-clear waters: Las Brujas, Ensenacho, Las Salinas, Perla Blanca, Santa Maria and Megano. In an effort to avoid damaging local wildlife, 45 bridges were built so water flows under the road. Because of these and other good practices related to its design, the Caibarien – Cayo Santa Maria rock road was given the “Puente de Alcántara” international award in its seventh edition, which pays tribute to public works characterized by their cultural, technological, aesthetical, functional and social relevance, as well as technical quality, within the Latin American context.

After this turning point, the keys northeast of Villa Clara have gone through a successful tourism development process that has given birth to over 15 hotel and extrahotel facilities. Some 10,500 hotel rooms have been built in a magical ecosystem that features 150 km of virgin beaches, 500 km of high-value coral reefs and over 40 endemic species of wildlife, which take center stage in that peaceful, healthy and safe tourism, based on sustainable management as an alternative to perpetuate its wonders.

Por MSc. Vivian Martínez de la Vega

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