No debe ser casual la coincidencia entre el dibujante y costumbrista español Víctor Patricio Landaluze (1828-1889) y el caricaturista matancero Ricardo de la Torriente (1867-1934) –creador del popular personaje de Liborio- en delinear al guajiro como imagen predeterminada del genuino cubano.
El surgimiento del vocablo guajiro se atribuye a la corruptela fonética del inglés war hero, expresión que cronológicamente se enmarca en 1898, al finalizar la guerra hispano-cubano-americana. Sin embargo, la literatura cubana pone luz al asunto. En la vasta obra poética de Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, “El Cucalambé” (1829-1861), aparece reiteradamente esta denominación como usual apelativo a hombres y mujeres del campo.
En el presente trabajo queremos compartir saberes sobre la cocina tradicional de diferentes localidades del Oriente cubano, por donde casi todo comienza en nuestra Isla Grande.
Esa región se caracteriza tanto por un modo diferente de nombrar los ingredientes y platos como por sus diversas formas de elaboración, condimentación y aderezos. Así ocurre con varias denominaciones de frutos y alimentos, que en las provincias orientales difieren curiosamente del modo de decirlas en las regiones Central y Occidental. Y no hay que preocuparse mucho por discutir, porque la razón siempre va asistir a los compatriotas orientales. Aquí van algunos ejemplos: las deliciosas frutas conocidas en la mayor parte de la Isla como mamey y frutabomba, son nombradas en la zona oriental como sapote y papaya. Puntos para ellos, ya que se corresponden con los respectivos nombres científicos.
Por similitud con sus manchas oscuras, al platanito fruta lo designan como guineo, nombre de un tipo de ave gallinácea de delicada carne. A la bija, igual que en México, la llaman achiote. También el manjar nacional, el cerdo asado, se encuentra rebautizado como macho en pincho; y al carnero lo llaman ovejo. Nada de asombros cuando se oiga decir: Arrima el chivo pa´darte un trancazo; más bien, deben darse las gracias, pues equivale a brindar taburete para sentarse y tomar un buche de café.
Las regiones y gentes del Oriente cubano son un tanto parecidas, pero no idénticas. Ciertas características de sus gastronomías son comunes, como el gusto por el café algo más claro que en el resto del país; el uso de la manteca de cerdo para diversas elaboraciones culinarias; el empleo del culantro para condimentar arroces, guisos y potajes; la adición de viandas a los potajes de frijoles y la presencia del prú oriental, bebida de preparación doméstica, algo efervescente, obtenida por la fermentación de varias hierbas aromáticas y medicinales.
Y a modo de salutación gastronómica a la vida, también extendida a otras regiones orientales, se prepara el aliñao, antiguamente llamado ciruelón, bebida a base de frutas en almíbar maceradas con rones y aguardientes, que se embotellan en un garrafón cuando se confirma que hay una gestante en casa. Se entierra o se conserva en algún lugar oscuro hasta que ocurre el parto y se brinda a los visitantes que concurren a conocer al recién nacido. Y si es hembra, no dejar de reservar respectivas porciones para la celebración de los quince años y la boda de la señorita de la casa.

Prú oriental
Se atribuye su origen a la influencia franco-haitiana en
el Oriente cubano, a partir de la Revolución de Haití.
Además de muy refrescante y digestivo, posee propiedades
medicinales, para bajar la presión arterial y como
estimulante afrodisíaco. Después de más de dos siglos de
elaboración artesanal, ya en las provincias de Granma y
Santiago de Cuba se fabrica industrialmente.








